Reforma Laboral
de 2006
La situación laboral queda cercenada
y condicionada por el centralismo más férreo, siendo
el estado central el único protagonista, el cual es capaz
de mercadear todo lo necesario con los sindicatos españoles
y la patronal española para llegar a un acuerdo en el que
siguiendo el mismo camino de anteriores reformas quedan recortados
los derechos de los trabajadores y abogando por esa flexibilidad
y aumento de la productividad que promocionan la precariedad laboral
y consiguen aumentar los beneficios empresariales.
Podemos decir que la sumisión de los
sindicatos españoles es total y que se han convertido en
un apéndice más del estado de bienestar, que nos
están vendiendo bajo el encubrimiento de una globalización
que busca la concentración de información, poder
y dinero, que sin ningún rubor elimina cualquier resquicio
de diversidad nacional, cultural y lingüística esquilmando
los recursos naturales y destrozando la capacidad regenerativa
de la naturaleza.
Los sindicatos españoles se encuentran
en una situación privilegiada. Han topado el sindicalismo
de clase y se encuentran institucionalizados. Son totalmente dependientes
de las subvenciones del estado y de las Comunidades Autónomas,
convirtiéndose en unas meras empresas.
Estas dos posiciones, por una parte la concentración
de la materia laboral por parte del estado y, por otra, la sumisión
de los sindicatos españoles, han condicionado una Reforma
Laboral, que sigue recortando los derechos de los trabajadores
y sigue haciendo hincapié en las deficiencias estructurales
del mercado laboral.
Esta Reforma Laboral apoya la adaptación
de la economía española a los nuevos retos y situaciones
existentes: globalización. Una globalización que
pretende alcanzar el desarrollo de economía española,
pasando de forma inexcusable por el aumento de la competitividad
y la productividad, a cualquier precio. Esto significa que para
incrementar la competitividad y la productividad es necesario
destruir puestos de trabajo, ajustes de plantilla, despidos, prejubilicaciones
si restituir el puesto de trabajo, eliminando continuamente puestos
de trabajo para las nuevas generaciones. Buscan que con el mismo
tiempo de trabajo y el mismo salario se produzca más, consiguiendo
un modelo productivo “eficiente”, generando inmensos
beneficios y rebajando los costes a partir de recortes sobre el
empleo.
Tras casi dos años de negociación
exclusiva en la Mesa de Diálogo Social, el Gobierno, las
Organizaciones Sindicales UGT y CC.OO y la CEOE han rubricado
el acuerdo sobre la reforma del mercado de trabajo, olvidando
la diversidad sindical existente en Cantabria, así como
la realidad social, económica y empresarial, remarcando
la inoperancia de un pacto ajeno a las peculiaridades de nuestro
País y la seria duda de que acabe con la problemática
laboral existente.
Esto debe ubicarse en el marco político
en la que gobierna el PSOE en mayoría simple, donde debe
recabar apoyos en el Parlamento para sacar adelante cualquier
iniciativa legislativa. Este Gobierno ha llevado adelante las
modificaciones del Salario Mínimo Interprofesional; los
incrementos de pensiones; la Ley de Igualdad de Género
en su traslación a los centros de trabajo; la Ley de la
Dependencia, o la Ley de control de la subcontratación
en el sector de la Construcción. Así también
están en redacción el acuerdo en materia de Seguridad
Social, el Estatuto del Trabajador Autónomo y al Estatuto
de la Función Pública, todas ellas con tintes ambiguos
y timoratos, perdiendo la oportunidad de emprender un profundo
cambio estructural en la política social y laboral del
Estado, repitiéndose la historia...
Podemos decir que los papeles en las negociaciones
han sido claros. El Gobierno ha protagonizado desde el primer
momento un papel caracterizado por la ambigüedad, lejos de
abanderar un reforma profunda y capaz de generar los cambios estructurales
capaces de dar un vuelco a la situación laboral, mientras
de puertas afuera ha jugado un papel propagandístico lleno
de triunfalismo, abanderando la defensa del trabajador ante los
ataques empresariales, ultimando al final y ante los demandas
empresariales, un acuerdo continuista y alejado de una profunda
transformación.
La patronal no olvidemos que sigue en su
línea y defendiendo sus intereses, que no son los generales
y que se mueven por los principios de competitividad y productividad
y que implica abaratar costes laborales, flexibilizar y facilitar
el despido, ampliar la contratación temporal y rebajar
las cotizaciones patronales, con el pretexto de dinamizar el mercado
laboral, siguiendo el principio de la búsqueda del mayor
número de empleos y no su calidad.
Debemos recordar que la situación
de este modelo laboral nos ha llevado a una tasa de temporalidad
alarmante de 30,6% frente al 12,8% de la media europea. La precariedad,
la siniestralidad siguen sin ser resueltas y continúan
creciendo. Mientras se sigue afianzando una estructura productiva
caduca, carente de alternativas al papel primordial del sector
de la construcción junto a la falta de una política
fuerte de I+D+i. A esto hay que sumarle que la economía
del estado crece por encima de la media europea, los beneficios
empresariales se sitúan en lo más alto, mientras
los salarios pierden valor frente al PIB.
Por lo tanto, la Reforma Laboral no ha conseguido
hacer un giro estructural del sistema productivo en la búsqueda
del empleo de calidad y seguro para todos y todas independientemente
su edad o sexo:
1- No va reducir la precariedad laboral existente.
2- Abarata el despido. Con el pretexto de
extender el contrato fijo, se abarata el despido consiguiendo
33 días por año y un tope de 24 mensualidades, mientras
existía los 45 días y 42 mensualidades del contrato
indefinido ordinario. Esto no consigue que la patronal pase los
contratos temporales a contratos fijos, y son las cifras de la
alta temporalidad las que indican realmente la realidad del modelo
laboral consolidado en 1997.
3- Destina inmensos recursos económicos
a la patronal mediante las bonificaciones y la reducción
de las cotizaciones.
4- No va acabar con el cambio de empleo continuo,
incidiendo aún más en la temporalidad existente,
abusando de este tipo de contratos. La supuesta limitación
de estos contratos mediante el control de encadenamiento de estas
contrataciones, mediante el reconocimiento de trabajador fijo
al que mantenga una ocupación de 24 meses en el plazo de
30 meses, puede ser fácilmente esquivada por el empresario.
5- Sigue potenciando el papel de las ETTs
en el aumento de la precariedad laboral, ampliando su intervención
en sectores que quedaban excluidos y, a la vez, una rebaja de
las cotizaciones por desempleo.
Por eso desde Conceju-CNC rechazamos enérgicamente
esta Reforma Laboral que sigue la línea continuista anterior
y que ahonda en la precariedad laboral y en beneficiar la situación
de la patronal en detrimento de los derechos de los trabajadores.
Además emana de un acuerdo donde Cantabria y sus trabajadores
y sindicatos han carecido de cualquier participación, tapando
la realidad social y económica del País.