A
LOS MUERTOS REPUBLICANOS Y REPUBLICANAS DEL VALLE DE POLACIONES
Como familiares directos de
los homenajeados Maximino Gómez Gómez y Daniel Fernández
Roiz, y familiares políticos de Arturo Noriega Fernández
y Pilar Gómez Lombraña -creemos que en nombre de todos-,
queremos agradecer la presencia de todas las personas y grupos que
se han adherido a este acto, y os hacemos llegar la siguiente aportación:
Hoy, domingo, 13 de agosto
de 2006, reunidos en torno a este monolito, es un día importante
para todos nosotros y nosotras. Casi 70 años después,
rememoramos a 16 republicanos, socialistas y comunistas, muertos
por defender la II República española. Hijos todos
de este valle de Polaciones, bosque virgen de la naturaleza, que
tañe su “bandurria” con la fuerza de las gentes
libres, icono de la profunda entraña del País cántabro.
Antes de nada, en nombre
de las familias, queremos agradecerte, Antonio Ontañón,
la aportación inestimable que tú has realizado para
rescatar del olvido a tantos republicanos y republicanas de Cantabria,
de entre los cuales, gracias a tu trabajo, hemos sabido referencias
desconocidas sobre la muerte de parte de los que aquí estamos
homenajeando.
En nombre de vuestros compañeros
y compañeras políticos, de vuestros amigos y de vuestras
familias, muertos republicanos y republicanas de este valle, con
este acto pretendemos resaltar dos cosas. En primer lugar, recordaros
personal y humanamente. Como hombres y mujeres que fuisteis asesinados
en las orillas de las camberas, caídos en el frente, desaparecidos
sin rastro en los campos de concentración o ejecutados sin
compasión ante el pelotón de fusilamiento, se os negó
la posibilidad de recibir una última despedida, un último
adiós de los vuestros; no se os permitió tan siquiera
recibir una digna sepultura. Vuestras viudas no pudieron tributar
sus flores, vuestros huérfanos hubieron de crecer en el vacío
de la ausencia, vuestros nietos no pudieron nunca retozar entre
vuestros brazos. Sirva este acto, tanto tiempo después, como
homenaje a vuestras vidas, de parte de todos los que os recordamos.
Pero, en segundo término, queremos honraros también
porque perdisteis lo más preciado, la vida, por una causa
política noble: la causa republicana de la democracia, la
libertad, la justicia y del autogobierno de los pueblos, de la Cantabria
que ya entonces comenzó a elaborar su Estatuto para defender
su identidad y autonomía. Y, en este sentido, nuestro reconocimiento
va a servir para rescataros del olvido, retornaros a la Historia
e inscribiros con letras mayúsculas en la lista de todos
aquellos y aquellas que dieron su vida, que sacrificaron todo lo
que eran, en favor del progreso y de los valores que forman parte
de la cultura política de nuestra sociedad contemporánea.
Os hacemos este homenaje
para reconocer lo que hicisteis y representasteis, y lo hacemos
también porque las generaciones actuales tenemos la obligación
de valorar vuestro sacrificio: lo hacemos, por tanto, para hacer
justicia. No nos anima ningún afán revanchista, ni
tampoco el resentimiento es el móvil de este acto. No, al
contrario. Queremos cerrar las heridas, queremos que cicatricen
los jirones abiertos en esta historia, haciendo precisamente lo
que nunca anteriormente nos fue permitido: rendir tributo a los
nuestros, a nuestros familiares, a nuestros amigos, a nuestros compañeros
y compañeras políticos. Pero, al mismo tiempo, queremos
significar, con la misma contundencia, que vosotros defendisteis
la legalidad, frente a la cual se alzó un general y sus secuaces
mediante un cruento golpe de Estado que dio origen a una guerra
civil. Por esto, nuestro mensaje es también un mensaje de
paz; de paz y reconciliación, porque toda guerra no causa
sino muerte, separación y dolor. Queremos dejar claro que,
en este valle de Polaciones, mientras en la época de ejercicio
de las libertades democráticas republicanas nadie perdió
la vida por motivos políticos, una vez establecida la “paz”
de los que vencieron, los franquistas no tuvieron piedad ni misericordia;
no se ablandaron ni tan siquiera en nombre de los principios de
la civilización y de la religión que decían
defender; al contrario: aplicaron una represión tan cruel
que llevó al destierro, al exilio, a la cárcel y a
la muerte a decenas de miles de republicanos y republicanas.
Nosotros, vuestras familias,
hemos pasado buena parte de nuestras vidas, incluso desde nuestra
infancia, musitando con miedo afirmaciones vagas, haciendo interrogantes
inciertos, estableciendo suposiciones, de este cariz: “tu
padre yace fusilado en Ciriego”, “¿se sabe realmente
lo que ocurrió con mi hermano?”, “creo que mi
tío murió en un campo de concentración”,
“a tu abuelo lo mataron porque era republicano”. Ante
estas vivencias, ¿cómo figuras del boato y la vida
fácil, como una nieta del dictador ha afirmado recientemente,
se atreven tan insensiblemente a acusar de que actos como este,
que pretenden el reencuentro con los nuestros y con nuestra propia
memoria, estén motivados por el “resentimiento”
y la “revancha”, cuando los vencedores, por su parte,
han tenido la permanente posibilidad de exaltar y recompensar a
los suyos e, incluso, actualmente, negarse a eliminar los símbolos
y condenar un régimen criminal que nos generó tanto
sufrimiento y dolor? ¡Olvidad!, nos sugieren, obviando que
esto solamente lo hacen quienes se sienten derrotados o han perdido
la dignidad. Ni lo uno, ni lo otro.
Este monumento lo hemos
levantado con el esfuerzo de los familiares, amigos y simpatizantes,
sin colaboración efectiva de carácter institucional.
En un día como este, queremos dirigirnos a los que pudiendo
estar aquí, no están; a los y las que debiendo “moralmente”
estar aquí, no lo han valorado conveniente desde el punto
de vista político. Respecto a los representantes institucionales,
que sepan que en la Europa democrática los caídos
del fascismo, del nacionalsocialismo y las dictaduras, reciben el
homenaje de todas las instituciones y partidos políticos
democráticos. Nuestros republicanos y republicanas no son
sino los defensores de esta misma democracia contra un levantamiento
y un régimen franquista que ejerció la mayor represión
conocida en Europa en tiempos de paz, y que ha sido condenado recientemente
por el Parlamento europeo. Respecto a los dirigentes de partidos
por cuyos ideales perdieron la vida parte de las personas que hoy
estamos homenajeando, permitidnos un humilde consejo: nunca reneguéis
de los vuestros, no os avergoncéis de vuestros muertos, no
os arrepintáis de dignificar a aquellos y aquellas que os
antecedieron en la lucha por la democracia, la libertad y la justicia.
Pensad que si ahora gozáis de las mieles del poder, en buena
parte se debe al sacrificio de tantos militantes que, como los que
hoy estamos honrando, os precedieron, en situaciones mucho más
terribles que lo que pueda representar una derecha tan intransigente
como la que hoy padecemos.
Para ir finalizando ya,
queremos recordar a una persona que, desde el día 1 de julio,
ya no está entre nosotros. Él tenía 16 años
cuando fue detenido en septiembre de 1937 y a él le debemos
gran parte de la información oral obtenida para la elaboración
de este elenco de republicanos purriegos. Una de sus últimas
ilusiones fue la de haber visto erigido este monumento, como forma
de compensar parte del dolor que sólo sienten los que han
perdido una guerra que no iniciaron y truncado un sueño de
paz, libertad y justicia. Y no llegaste por poco, Luis Nicanor Gómez
Lombraña, “rabelista purriegu republicanu”. Allí
donde estés, hoy, en un lugar destacado, te sentimos entre
nosotros, celebrando con dignidad el honor de los nuestros.
Isidro Cicero Roldán,
Daniel Fernández Roiz, Aniceto Fernández Terán,
Maximino Gómez Gómez, Félix Gómez Gutiérrez,
Domingo Gómez Lombraña, Joaquín Gómez
Lombraña, Pilar Gómez Lombraña, José
Gómez Oceja, Pedro Lombraña García, Víctor
Lombraña García, César Morante Fernández,
Ciriaco Morante Lombraña, Arturo Noriega Fernández,
Pedro Roiz Polio y Nicolás Torre Torre, como republicanos
y republicanas que venís de lejos sólo nos resta,
al igual que el músico catalán Lluís Llach,
pediros “perdón porque llegamos muy tarde, muy, muy
tarde”. No obstante, vuestra muerte y el sufrimiento de todos
los desterrados, exiliados, represaliados y de los que padecieron
la humillación y vejación del franquismo, no han sido
baldíos. Os adelantasteis a vuestro tiempo y los poderes
inveterados no os lo perdonaron. ¡Qué menos podemos
ofreceros que este monumento, que os recuerde indeleblemente a lo
largo del tiempo! Reposad para siempre con el consuelo de que nuestra
sociedad se ha impregnado en parte de los ideales por los que vosotros
ofrecisteis vuestra vida. Sentíos orgullosos porque, en vuestra
descendencia, germina ya la semilla que tan valientemente sembrasteis
con el ejemplo de vuestra lucha. Y como prueba de ello, os dedicamos
este verso, tan sencillo como expresivo, recopilado del romancero
popular por el poeta Rafael Alberti, y que dice así: “Republicana
es la luna, Republicano es el sol, Republicano es el aire, Republicano
soy yo.”
¡A los muertos y
a los héroes por la República y la Libertad del valle
de Polaciones! .
Gritad con nosotros:
¡VIVA CANTABRIA
REPUBLICANA!.
Javier VARELA GÓMEZ,
Manuel ALEGRÍA FERNÁNDEZ
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