CANTABRIA
ESTÁ EN VENTA
Han abierto un proceso en que
nuestro País se ha puesto en venta. Nos han metido en una
espiral en que nuestro patrimonio natural y cultural está
en rebajas para el mejor postor. Estamos sumergidos en un proceso
en cual la sociedad cántabra está perdiendo la ilusión,
nos vemos rodeados de un panorama de incertidumbre y carente de
futuro.
Debemos ser conscientes que
nos están conduciendo a la pérdida absoluta de nuestra
identidad como Pueblo, la política del hormigón y
del pelotazo urbanístico prevalece ante los intereses generales
de conservar las pautas y raíces de este País.
Se está dejando morir
nuestras costumbres, nuestra cultura, nuestra lengua que han sido
sello identitario de todos los cántabros y cántabras
a lo largo de nuestra historia, perdiendo conciencia de colectivo,
sin tener un futuro claro, ni común. La destrucción
intencionada de nuestro patrimonio natural y paisajístico,
elemento innato de nuestro Pueblo y otro pilar de nuestra identidad,
que está siendo un objetivo prioritario de continuos ataques
con la finalidad de obtener grandes beneficios económicos.
Tras el cambio político
sufrido en Cantabria, después de los comicios de 2003, todos
considerábamos que se iba a producir un giro de políticas,
de hacer las cosas de forma diferente, de establecer las bases de
un nuevo modelo propio, consecuente con la tierra y los ciudadanos,
comprometiendo a la sociedad cántabra para recuperar la ilusión
de construir un futuro común. Apostar por una profunda transformación,
que cambiase el rumbo que estaba marcando la derecha española
en este País. Pero finalmente, y terminando está legislatura,
son pocas las cosas que han variado, simplemente algunas siglas,
algunos cargos, pero ha ido desapareciendo el profundo giro que
se esperaba.
Pero no más lejos del
cambio esperado, nos hemos visto envueltos en la continua mentira.
La apuesta por el cambio de un modelo terciarizado que venía
construyendo la derecha para Cantabria, no ha hecho más que
fortalecerse, olvidando para siempre la promesa de apostar por la
‘legislatura de la industria y el desarrollo’. Dónde
está ese eslogan que tanto repitió hace tres años.
Se ha ido diluyendo entre romerías y programas de televisión.
Se ha quitado la careta y ya
conocemos sus planes, que son apoyados por los que le sustentan
en el poder y que tanto criticaban en el pasado la senda que dibujaba
la derecha en este País. Nuestra economía se terciariza
sin límites, perdiendo continuo peso los sectores tradicionales
cántabros y la industria, así como la inexistencia
de políticas de investigación e innovación
tecnológica. Su idea es apostar por un turismo masivo, sin
precedentes en la vertiente atlántica, que devaluará
nuestro medio ambiente, nuestro bienestar y que hará desaparecer
las pautas propias de crecimiento de nuestro País.
Quieren imponer el monocultivo
turístico en nuestra tierra, quieren convertirnos en un reducto
paradisíaco, quieren imponernos la bandeja y el mantel, destrozando
todo lo que hemos sido a lo largo de nuestra historia. Las comunicaciones
por carretera ya están casi terminadas, las infraestructuras
de suministros de agua están en vías de ejecución
y el plan energético ya ha terminado el proceso de información
pública. Los tres pilares básicos de desarrollo ya
están plasmados. Pero no para consolidar un tejido industrial
competitivo que garantice el futuro de las nuevas generaciones,
como nos habían prometido, sino para poner en venta al mejor
postor nuestro País, colgando el cartel de rebajas, para
que vengan desde fuera a instalar su chiringuito.
Las líneas de su modelo
económico y social ya están marcadas, si seguimos
apostando por estas ‘alternativas de desarrollo’, para
cimentar nuestro futuro, el daño será irreparable.
Para nosotros el camino de Cantabria está lejos de apostar
por los campos de golf, puertos deportivos, masivas urbanizaciones,
pistas de esquíes en nuestros montes, complejos temáticos
o más centros comerciales. Esto lo único que consigue
es terciriazar y subsidiarizar nuestro modelo socioeconómico,
proliferar los trabajos precarios y temporales, descapitalizar el
potencial humano preparado y cualificado del País, perder
las potencialidades naturales y culturales y destruir las pautas
de crecimiento sostenibles y duraderas a lo largo del tiempo.
A esta situación le
debemos sumar el desprecio a nuestra cultura e identidad, que continuamente
esta sufriendo agresiones, que se diluye entre la cultura universal
de consumo y de modas televisivas que nos quieren imponer, que se
olvida en las escuelas y que carece de promoción, fomento
y divulgación, perdiendo las peculiaridades propias. Se nos
está desfigurando nuestra esencia de colectividad, de sociedad,
desdibujando la identidad de un Pueblo. Se está dejando morir
nuestra música, costumbres, deportes, patrimonio, lengua,
historia...todo esto tiene un precio de venta?, para nosotros desde
luego que no.
Por otra parte, esto nos está
llevando a un consumo irracional de recursos naturales, con un deterioro
irreversible para el medio natural y para una economía sostenible,
en la que enriquece a unos pocos, mientras la pérdida es
común. Somos también conocedores del caos urbanístico
existente, la especulación y la masificación que acapara
toda la franja costera, sin ninguna voluntad de solucionarlo y sin
interés de encontrar alternativas. Se ha arrinconado a nuestros
parajes, bosques, fauna y recursos naturales que todavía
tenemos... todo esto tiene un precio de venta?, para nosotros desde
luego que no.
El panorama es incierto para
la juventud cántabra, ya que por una parte se posee un alto
capital humano cualificado y especializado y por otra se carece
de un mercado laboral acorde con su preparación, haciendo
que el futuro de los jóvenes esté lejos de Cantabria,
teniendo que emigrar de un País donde se está apostando
por la venta de sus recursos, identidad y echando a sus jóvenes.
Debemos ser capaces de cambiar
este panorama. Nosotros apostamos por cambiar la política
del hormigón y del pelotazo urbanístico por un modelo
social y justo que se base en la participación activa y directa
de los ciudadanos y sus organizaciones para construir un cambio
hacia una economía social y del conocimiento, acorde con
un desarrollo sostenible que respete el medio natural, a las personas
y a la identidad de Cantabria, garantizando el futuro de las generaciones
venideras. Debemos ser capaces de consolidar y decidir un modelo
propio y común, que vaya configurando nuestro futuro, con
la intención de recuperar la ilusión.
Raúl
Huerta Fernández. Portavoz Nacional de Conceju-CNC
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