DESDE
PICO JANO SE DIVISA BUENA PARTE DE CANTABRIA
Con la presente quiero responder a la Tribuna de Opinión
de J.A. Sandoval publicada en su periódico el 9 de Diciembre
del presente año, haciendo un llamamiento al mismo para que
recapacite en lo que dice y en cómo lo dice.
“Desde Pico Jano no se divisan
fronteras”. Desde el monte Aneto, el río Tajo o el
río Guadiana tampoco. Salvo aquellas puestas por el hombre.
Nadie en el Conceju quiere poner fronteras que separen a las personas.
La defensa del derecho de autodeterminación (consagrado en
la Carta de Derechos Humanos de Naciones Unidas), no significa poner
fronteras de exclusión, separación o marginación.
Que un grupo humano pueda autogestionarse y decidir su futuro de
forma libre y autónoma, no significa que ese grupo humano
tenga que aislarse del mundo. ¿O piensa usted que el Estado
Español está actualmente aislado del mundo por poder
ejercer el derecho de autodeterminación sobre sí mismo?
Sinceramente, yo creo que no.
“En la España de hoy,
cualquier propuesta nacionalista es negativa y destructora”.
Presupongo que usted se refiere a todo nacionalismo no españolista.
Y le pregunto, ¿por qué? ¿Por qué el
defender los intereses y luchar por el futuro de lo que nosotros
consideramos nuestro País es negativo y destructor, y, además,
desde una visión solidaria como la del Conceju? ¿Por
qué la defensa de valores solidarios, ecologistas (y de desarrollo
sostenible), plurales y democráticos (en el sentido verdadero
de esta palabra, es decir, poder para el pueblo mediante la participación
directa en las decisiones con el fomento del asamblearismo), la
defensa y difusión de la cultura e identidad cántabras,
la denuncia de los desmanes realizados bajo el beneplácito
o alentados por las Autoridades Políticas, la lucha para
que se dé la voz al pueblo para decidir su futuro, la búsqueda
de mayores cuotas de autogobierno para poder construir dicho futuro,...
es algo negativo y destructor?. Espero que usted, antes de escribir
su texto para la Tribuna Libre de “El Diario Montañés”,
se hubiese respondido a estos interrogantes. Si usted no está
de acuerdo, me gustaría saber en qué no y el porqué
no.
“La única solución
para la convivencia pacífica es el mantenimiento de la unidad
de España que impone la Constitución”. Como
otros, vuelve usted a intentar meter el miedo en el cuerpo a los
lectores de su artículo. ¿Por qué es la única
solución de convivencia pacífica? Confío sinceramente
que si desaparece esa unidad territorial del Estado Español,
o España, si el primer término le ofende, por la libre
voluntad de un grupo de sus ciudadanos que decida separarse, no
cogerá usted un arma y se pondrá a pegar tiros. ¿O
lo hará el ejercito español con la prerrogativa así
establecida por texto constitucional español (léase
el artículo 8)? No sé hasta que punto usted pretende
meter miedo para combatir el que le produce la posibilidad de que
la extensión territorial de España disminuya. Pero
no considero que esta sea la mejor manera de llegar a lugares de
encuentro en los que caminar juntos. Cabe preguntarse hasta qué
punto todos aquellos que utilizan el mismo argumento que usted,
sobre mantenerse fieles a la actual redacción de la Constitución
Española, no están más preocupados por la Unidad
en sí que por la propia Ley. De no ser así, aplaudiré
cuando defienda usted con tanto ímpetu el derecho al trabajo
(artículo 35.1), a la salud (artículo 43.), o de los
trabajadores al acceso de la propiedad de los medios de producción
(artículo 129.2).
“...todos estamos sometidos
al Derecho”. Le recuerdo que toda legislación, nace
de la voluntad del hombre (muchas veces de la de unos pocos sin
contar con el resto) y que, como todo lo humano, se puede cambiar
o mejorar. “Vamos, que tienen que existir reglas para que
no nos rompamos la cabeza a machetazos”. Nadie desde el Conceju
pretende romper ninguna cabeza a machetazos. Nosotros no imponemos,
por ningún medio, nuestras ideas a nadie. Pero échele
un vistazo a la Historia del Estado Español, o España,
o Reino de España, si los dos primeros términos le
ofenden, y podrá comprobar que la historia de su Unidad está
jalonada de violencia. Le insto a repasar los hechos históricos
de aquellos que la conformaron; Romanos, Visigodos, Árabes,
Reyes de origen germano, de origen francés,... Resulta curioso
que la Unidad del Reino de España (creo haber llegado al
término con el que usted se encuentra más cómodo)
fuese realizada por “foráneos” y no precisamente
de manera pacífica.
Y sin más le dejo con
sus ideas, a las que yo no calificaré como no dignas de tal
consideración. De paso, consulte el artículo 20.1.a
y el 22.1 de la Constitución.
Javier Ruiz Salcines
Collazu Cumite Nacional CNC-Conceju
Desde Pico Jano no
se divisan fronteras. J.A. SANDOVAL
El contenido de algunas informaciones
periodísticas provoca indignación o risa, dependiendo
del estado de ánimo del lector. Por ejemplo la siguiente,
publicada en este periódico el pasado lunes 29 de noviembre,
relativa al IV 'Congresu Nacional' del partido político denominado
Conceju Nacionaliegu Cántabro: «Desde esta formación
política se considera que la existencia del Conceju es necesaria
por su carácter alternativo, ( ) que simplemente busca la
defensa de los intereses de Cantabria, bajo los planteamientos de
un nacionalismo cívico y social». En su página
web, esta formación apuesta por la «autodeterminación
de Cantabria». Átame esa mosca por el rabo. En la España
de hoy, cualquier propuesta nacionalista es negativa y destructora.
La simple puesta en marcha de las opciones secesionistas catalanas,
vascas o del barrio de enfrente -que todo llegará-, costaría,
ha costado de hecho, vidas humanas y derramamiento de sangre española.
Ante esta dantesca posibilidad se impone el abandono de estas locas
tentativas. La única solución para la convivencia
pacífica es el mantenimiento de la unidad de España
que impone la Constitución. El Estado se crea para garantizar
la paz social; vamos, para que no nos matemos los unos a los otros.
Para ello, todos cedemos parte de nuestra libertad y aceptamos el
reparto territorial marcado por la Carta Magna de 1978. Claro que,
para llegar a esta perogrullada, que nos parece de sentido común
-el menos común de los sentidos-, hay que ponerse a pensar,
aunque sólo sea un poquito. ¿Será pedirle peras
al olmo?.
Los primeros astronautas que
viajaron al espacio coincidieron en que no se veían fronteras
desde el cosmos. En plena guerra fría, este dato alentó
a escribir lo siguiente: «Es un buen punto de partida para
solucionar los conflictos internacionales»; eso suponía
tener demasiada fe en el hombre. Recientemente observé buena
parte de la región desde un ángulo similar, pero a
menor altura: la cima del Pico Jano, monte venerado por los antiguos
cántabros, 1,288 metros de altitud, en Bárcena de
Pie de Concha (Valle de Iguña). Desde Jano se ve Santander,
el mar, las primeras nieves de los picos de Alto Campoo. Tenían
razón los cosmonautas: no hay ni rastro de fronteras. Pero,
incluso allí arriba, hay una placa que nos recuerda que todos
estamos sometidos al Derecho: «La destrucción de este
vértice geodésico está penada por la ley»,
se puede leer en la base de dicho vértice. Vamos, que tienen
que existir reglas para que no nos rompamos la cabeza a machetazos.
Alguna raya hay que poner. Y, ¿qué problema acarrea
mantener las actuales tal y como están? ¿Hay una situación
intolerable que exija su modificación? ¿Están
los acólitos de Ibarretxe y Carod Rovira, o los miembros
del Conceju, oprimidos y alienados por el Estado? No. Partiendo
de esta base, la discusión sobre si tal o cual región
fue en su día nación, no tiene ya ni que plantearse.
Por cierto; desde Pico Jano, el Hotel Real es el único edificio
de Santander que se distingue a simple vista. Real, de rey; de reino;
del Reino de España, que es donde vivimos.
Dicho ésto, reseñar
que comportamientos como las pintadas amenazantes aparecidas recientemente
en la sede del Conceju (información en EL DIARIO MONTAÑÉS
del 19 de octubre) son del todo reprobables. Algunas ideas no son
dignas de tal denominación, pero eso no ampara el uso de
la amenaza o la coacción. ¿Qué país!.
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