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COMPLICIDAD
Y FARSA EN EL DETERIORO DEL AUTOGOBIERNO
Las esferas de decisión política ligadas se
han definido marcha de la Autónoma de Cantabria, ineficacia y por
el descrédito y desarme al que han llevado al País. La representación
política mayoritaria de la sociedad cántabra, del conjunto de las
clases sociales de nuestra Comunidad, han recaído en las dos modalidades
de la derecha centralista (liberal-conservadora y liberal-progresista),
victoriosas, respectivamente desde 1982, en las elecciones autonómicas
y estatales.
El PSOE, partido sustentador del Gobierno del Estado -más allá de
las coyunturas de pacto con nacionalistas conservadores- durante
muchos años, no demostró sensibilidad alguna con respecto a la situación
de este País. Es conocida su firme adscripción jacobina, más uniformadora
que la que su vaga definición federal podría dar de sí. La nula
penetración del supuesto cantabrismo político ha evitado, incluso,
que el PSC-PSOE pudiera asumir ciertos ribetes de defensa de lo
propio, tal como sus compañeros de Catalunya o País Vasco se empeñan
en difundir.
El Gobierno autónomo, controlado por los partidos históricos de
la derecha conservadora central -en ocasiones con ciertas veleidades
oportunistas al cantabrismo- se ha caracterizado por sus crisis
permanentes. Las eternas disputas y rencillas de la derecha tradicional
se han traducido en la inexistencia de programas eficaces y de equipos
sólidos y cohesionados. Todo ello ha incidido en el afloramiento
de los populismos electoralistas, del clientelismo político, de
la lucha sórdida y descarnada por la conquista y perpetuación del
poder.
El desencanto por lo que la política en Cantabria lleva consigo
si es una consecuencia de una inadecuación de mayor calado: la impresionante
cesura habida entre la sociedad civil y la clase política que intenta
aparecer como su legítima representante.
Las prácticas habituales del juego político en el contexto de la
democracia liberal, ocultan las necesidades estructurales y puntuales
a las que ofrecer alternativas. Lo que se expresa en el panorama
político del País es la carencia de un auténtico debate político
de construcción cántabra. No existe por lo tanto, en clave de los
representantes mayoritarios modelos coherentes y apropiados para
solucionar el declive económico, para potenciar las parcelas de
gestión y decisión de nuestro exiguo autogobierno, para perfilar
la imagen de un País potente y próspero, que avance con decisión
y sin complejos.
Tan decisivo como el propio funcionamiento institucional, es la
conquista de un nivel digno de autogobierno. Partiendo del innegable
proceso internacionalizador que de modo centrípeto centraliza o
coordina decisiones de actuación política de incidencia global,
Cantabria debe potenciar su nivel competencial.
La identidad soslayada, la ausencia de un proyecto cultural, se
ha convertido en uno de los aspectos más devastadores de la parálisis
de nuestras instituciones, y comienza a erosionar ya sensiblemente
la propia identidad de nuestro País. Este Gobierno no ha creado
canales públicos y estables para la conservación, promoción y difusión
de los valores históricos, artísticos y culturales de Cantabria.
Se carece de fórmulas de apoyo a la creación y a la investigación.
No se ha modelado un clima institucional adecuado para asumir y
potenciar los proyectos que, de manera dispersa y las más de la
veces altruista, tratan de construir una oferta cultural allí donde
la administración autonómica es un páramo. Aquí no se edita, ni
se graban discos. Peor aún: parece que nuestros gobernantes no disponen
de medios para proyectar nuestra creación e investigación fuera
de nuestro País. Las iniciativas de este Gobierno no existen en
los itinerarios culturales del estado. A tenor de estas premisas.
sólo puede 1legarse a una conclusión: aquí todo se gestiona adecuadamente
porque no interesa. no se difunde la realidad de nuestro pueblo,
porque se ignora; se desdeña la significación histórica de autogobierno
porque resulta ajena: NO SE HACE CANTABRIA PORQUE NO SE CREE. NI
SE CREYÓ NUNCA EN ELLA.
Desde el Conceju Nacionaliegu Cántabru consideramos necesaria la
recuperación de un discurso que, transcurridos varios lustros desde
la entrada en vigor del Estatuto de Autonomía, constituye la vigente
realidad institucional de Cantabria. Cantabria es un País dotado
de personalidad política e institucional como fruto de su histórico
itinerario de autogobierno. La profundización y consolidación de
esa realidad autonómica se encuentra indisolublemente ligada a la
propia difusión de sus fundamentos históricos y culturales, a las
raíces, de las señas de identidad entre la sociedad. Esa tarea está
pendiente.
También creemos en la naturaleza dinámica de nuestro pueblo. El
trabajo de nuestros creadores e investigadores no sólo forma parte
de nuestro patrimonio cultural, sino que expresa y garantiza la
permanente renovación de un País que sufre múltiples quebrantos,
es cierto, pero que continúa vivo. Desde el Conceju reclamamos la
necesidad de madurar un proyecto cultural para Cantabria, consideramos,
en primer lugar imprescindible. dotar al conjunto) de los distritos
del País, de locales y medios para desarrollar las iniciativas de
nuestros ciudadanos. Contemplamos la obligación de generar organismos
que respalden esas ideas, y posibiliten su realización. Pensamos
en potenciar y no en dirigir; en dialogar y no imponer criterios.
Pensamos en crear una atmósfera de cooperación y no caer en despilfarros
de gusto dudoso, arbitrarios y unilaterales.
La clase política es incapaz de aportar soluciones creativas, demostrando
la ruptura existente entre sus intereses y la sociedad cántabra.
Se sustituye una hipotética función gestora por una parafernalia
de actitudes políticas, que sólo forman referencias válidas para
los diversos grupos de presión, que sustentan de hecho un poder
económico en busca del enriquecimiento fácil basado en la especulación,
y no en la producción. Los nacionalistas creemos que la solución
a estos problemas debe venir dada, por la toma de conciencia de
la poblaci6n, sobre un panorama, en el que incluso cabe pensar,
que se buscan consciente o inconscientemente salidas disgregadoras
para la autonomía cántabra. Es de esta sociedad sometida al desencanto
y desarticula da por la incapacidad de sus instituciones, de donde
debe surgir la respuesta. mediante la acción cívica y la critica
decidida. En este sentido, el Conceju pretende ser un espacio abierto
y aglutinador de criterios alternativos, inexistentes hasta ahora.
Este País carece de proyecto, y por lo tanto de voz. pero no carece
de futuro. Debemos dejar de estar ausentes de los centros de decisión.
marginados en d debates que afectan a nuestro futuro, cada vez más
periféricos, más insulares en tierra firme. Tenemos que retomar
las riendas de nuestro futuro, arrebatárselas a quienes las detentan
ya sean especuladores o los pretendidos liquidadores de nuestra
propia identidad, y establecer de manera autónoma, democrática y
solidaria, las condiciones para el desarrollo de sus propios proyectos
políticos, empresariales o culturales.
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