| , Cantabria |
| Todos los Documentos de Elecciones 2004 | Campañas de Interés |
 Portada
 Historia
 Planteamientos
 Estatutos
 Organización CNC
 Política de Base
 Concejus Localis
 Comunicados a la Prensa
 Contacta con Nosotros
 Enlaces de Interés
 Histórico de Documentos
 Ideológicos y Programáticos
 Manifiestos
 Resoluciones del Cumité Nacional
 Información y Análisis
 Artículos de Opinión

COMPLICIDAD Y FARSA EN EL DETERIORO DEL AUTOGOBIERNO

Las esferas de decisión política ligadas se han definido marcha de la Autónoma de Cantabria, ineficacia y por el descrédito y desarme al que han llevado al País. La representación política mayoritaria de la sociedad cántabra, del conjunto de las clases sociales de nuestra Comunidad, han recaído en las dos modalidades de la derecha centralista (liberal-conservadora y liberal-progresista), victoriosas, respectivamente desde 1982, en las elecciones autonómicas y estatales.

El PSOE, partido sustentador del Gobierno del Estado -más allá de las coyunturas de pacto con nacionalistas conservadores- durante muchos años, no demostró sensibilidad alguna con respecto a la situación de este País. Es conocida su firme adscripción jacobina, más uniformadora que la que su vaga definición federal podría dar de sí. La nula penetración del supuesto cantabrismo político ha evitado, incluso, que el PSC-PSOE pudiera asumir ciertos ribetes de defensa de lo propio, tal como sus compañeros de Catalunya o País Vasco se empeñan en difundir.

El Gobierno autónomo, controlado por los partidos históricos de la derecha conservadora central -en ocasiones con ciertas veleidades oportunistas al cantabrismo- se ha caracterizado por sus crisis permanentes. Las eternas disputas y rencillas de la derecha tradicional se han traducido en la inexistencia de programas eficaces y de equipos sólidos y cohesionados. Todo ello ha incidido en el afloramiento de los populismos electoralistas, del clientelismo político, de la lucha sórdida y descarnada por la conquista y perpetuación del poder.

El desencanto por lo que la política en Cantabria lleva consigo si es una consecuencia de una inadecuación de mayor calado: la impresionante cesura habida entre la sociedad civil y la clase política que intenta aparecer como su legítima representante.

Las prácticas habituales del juego político en el contexto de la democracia liberal, ocultan las necesidades estructurales y puntuales a las que ofrecer alternativas. Lo que se expresa en el panorama político del País es la carencia de un auténtico debate político de construcción cántabra. No existe por lo tanto, en clave de los representantes mayoritarios modelos coherentes y apropiados para solucionar el declive económico, para potenciar las parcelas de gestión y decisión de nuestro exiguo autogobierno, para perfilar la imagen de un País potente y próspero, que avance con decisión y sin complejos.

Tan decisivo como el propio funcionamiento institucional, es la conquista de un nivel digno de autogobierno. Partiendo del innegable proceso internacionalizador que de modo centrípeto centraliza o coordina decisiones de actuación política de incidencia global, Cantabria debe potenciar su nivel competencial.

La identidad soslayada, la ausencia de un proyecto cultural, se ha convertido en uno de los aspectos más devastadores de la parálisis de nuestras instituciones, y comienza a erosionar ya sensiblemente la propia identidad de nuestro País. Este Gobierno no ha creado canales públicos y estables para la conservación, promoción y difusión de los valores históricos, artísticos y culturales de Cantabria. Se carece de fórmulas de apoyo a la creación y a la investigación. No se ha modelado un clima institucional adecuado para asumir y potenciar los proyectos que, de manera dispersa y las más de la veces altruista, tratan de construir una oferta cultural allí donde la administración autonómica es un páramo. Aquí no se edita, ni se graban discos. Peor aún: parece que nuestros gobernantes no disponen de medios para proyectar nuestra creación e investigación fuera de nuestro País. Las iniciativas de este Gobierno no existen en los itinerarios culturales del estado. A tenor de estas premisas. sólo puede 1legarse a una conclusión: aquí todo se gestiona adecuadamente porque no interesa. no se difunde la realidad de nuestro pueblo, porque se ignora; se desdeña la significación histórica de autogobierno porque resulta ajena: NO SE HACE CANTABRIA PORQUE NO SE CREE. NI SE CREYÓ NUNCA EN ELLA.

Desde el Conceju Nacionaliegu Cántabru consideramos necesaria la recuperación de un discurso que, transcurridos varios lustros desde la entrada en vigor del Estatuto de Autonomía, constituye la vigente realidad institucional de Cantabria. Cantabria es un País dotado de personalidad política e institucional como fruto de su histórico itinerario de autogobierno. La profundización y consolidación de esa realidad autonómica se encuentra indisolublemente ligada a la propia difusión de sus fundamentos históricos y culturales, a las raíces, de las señas de identidad entre la sociedad. Esa tarea está pendiente.

También creemos en la naturaleza dinámica de nuestro pueblo. El trabajo de nuestros creadores e investigadores no sólo forma parte de nuestro patrimonio cultural, sino que expresa y garantiza la permanente renovación de un País que sufre múltiples quebrantos, es cierto, pero que continúa vivo. Desde el Conceju reclamamos la necesidad de madurar un proyecto cultural para Cantabria, consideramos, en primer lugar imprescindible. dotar al conjunto) de los distritos del País, de locales y medios para desarrollar las iniciativas de nuestros ciudadanos. Contemplamos la obligación de generar organismos que respalden esas ideas, y posibiliten su realización. Pensamos en potenciar y no en dirigir; en dialogar y no imponer criterios. Pensamos en crear una atmósfera de cooperación y no caer en despilfarros de gusto dudoso, arbitrarios y unilaterales.

La clase política es incapaz de aportar soluciones creativas, demostrando la ruptura existente entre sus intereses y la sociedad cántabra.

Se sustituye una hipotética función gestora por una parafernalia de actitudes políticas, que sólo forman referencias válidas para los diversos grupos de presión, que sustentan de hecho un poder económico en busca del enriquecimiento fácil basado en la especulación, y no en la producción. Los nacionalistas creemos que la solución a estos problemas debe venir dada, por la toma de conciencia de la poblaci6n, sobre un panorama, en el que incluso cabe pensar, que se buscan consciente o inconscientemente salidas disgregadoras para la autonomía cántabra. Es de esta sociedad sometida al desencanto y desarticula da por la incapacidad de sus instituciones, de donde debe surgir la respuesta. mediante la acción cívica y la critica decidida. En este sentido, el Conceju pretende ser un espacio abierto y aglutinador de criterios alternativos, inexistentes hasta ahora. Este País carece de proyecto, y por lo tanto de voz. pero no carece de futuro. Debemos dejar de estar ausentes de los centros de decisión. marginados en d debates que afectan a nuestro futuro, cada vez más periféricos, más insulares en tierra firme. Tenemos que retomar las riendas de nuestro futuro, arrebatárselas a quienes las detentan ya sean especuladores o los pretendidos liquidadores de nuestra propia identidad, y establecer de manera autónoma, democrática y solidaria, las condiciones para el desarrollo de sus propios proyectos políticos, empresariales o culturales.