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DEMÓCRATAS CON MAYÚSCULAS


Somos muchos los demócratas que veríamos entre risas, sino fuera por la gravedad del asunto, todo el revuelo que la derecha española, sus medios afines y buena parte de la izquierda están llevando a cabo, teniendo como pretexto cualquier tipo de reivindicación que se ponga en marcha por parte de organizaciones elegidas de forma libre y democrática en cualquiera de las nacionalidades del Estado español, estado éste plurinacional y pluricultural con sus correspondientes lenguas, por más que alguno lo ignoren, unos de forma consciente y otros inconscientemente, arrollados emocionalmente por un torbellino “demócrata –mediático”.

No seré yo quien ponga en duda la existencia de una conciencia española que de lugar a una comunidad nacional. Después de siglos de cohabitación es cierto que se han producido formas de vida comunes a todos los pueblos del Estado, algunas incluso de carácter bárbaro, como las corridas de toros, donde se sacrifica a un ser vivo bajo el aplauso del “respetable”.

Todo ello, sin embargo, no ha conseguido anular la realidad cultural de los diferentes pueblos del Estado, aunque en el caso cántabro la colonización salvaje del castellanismo llegó a tal punto que, incluso hoy en día, algunos acervos característicos del País siguen siendo desconocidos por una parte de la población.

Tal es el grado de crispación que el nacionalismo español está ejercitando con toda su maquinaria influenciadora de masas, que incluso temas, que con un mínimo de sentido común no tendrían trascendencia, los han convertido en armas arrojadizas. Y pongo como ejemplo a los conocidos archivos de Salamanca, donde las legítimas aspiraciones de un pueblo, en este caso el catalán, pidiendo la devolución de aquello que les fue expoliado, las han transformado en demoníacas de forma ruin y vergonzosa. Aquí no se pide que se desmonte la Plaza Mayor de Salamanca o el Helmántico, simplemente que se devuelva lo que no les corresponde poseer, del mismo modo que a un ciudadano al que le han sustraído su vehículo aspira a recuperarle, sin que ello signifique que tenga que ser tratado como un delincuente.

Ante el intento de algunos por recuperar una idea de España, que incluso les lleva a repetir aquello “prefiero una España roja antes que rota”, sólo cabe un posicionamiento, reafirmarse en los valores democráticos de respeto a la diversidad, pluralidad y al derecho a poder elegir lo que se quiere ser o dejar de ser. Y es que esto no tiene nada que ver con ser nacionalista español, cántabro o canario, simplemente lo tiene con ser demócrata, pero demócrata con mayúsculas, ya que son muchos los que desgraciadamente han manqueado este concepto. Ni siquiera a comienzos del siglo XXI, todavía no han condenado el franquismo o utilizan la demagogia para justificar la presencia masiva de simbología fascista.

En los próximos meses veremos nuevas reivindicaciones periféricas y a la vez posturas radicalmente anquilosadas por lo que fomentar el diálogo, como única vía, será fundamental. Dentro de este contexto, ¿qué papel jugará Cantabria?, ¿por qué no se habla de la reforma de nuestro estatuto?. La respuesta es sencilla: Cantabria será una filial de Madrid, una subsede del Estado en la que la clase política cántabra se siente a gusto y a la que la reforma estatutaria no les interesa, porque aquí no se pretende un autogobierno real, simplemente se complacen con la autoadministración, único poder que te permite el Estado de la autonomías.

España debe avanzar, no ya hacia un Estado federal sino hacia una República Confederal, tomando como base las diferentes nacionalidades, estableciendo la colaboración mutua en determinados ámbitos e institucionalizando la solidaridad y el respeto como base principal de relación.

Está claro que para una importante parte de la población los proyectos centralistas y los periféricos son claramente contrapuestos. Hay que reconocer que es así a primera vista, pero con voluntad de diálogo son perfectamente compatibles. Todos los procesos ligados a la consecución de un ámbito propio de decisión y sus consiguientes enfrentamientos no se desarrollan a menudo debido a diferencias ideológicas, ofensas políticas, recelos históricos y principalmente por el miedo a perder lo que se considera como propio. Y es que la política es terreno de concordia cuando cumple su función más noble. De lo contrario se convierte en campo de batalla.

Es necesario aclarar, en la medida de lo posible, uno de los conceptos más manipulados por las democracias occidentales, es decir, el referente a la autodeterminación de los pueblos del mundo. Pero no sólo de los pueblos de los que habla esa izquierda cuentista, solidaria, únicamente, con lo que ocurre a 3000 Km. Este derecho se planteó por vez primera en el siglo XIX y ya fue teorizado por los italianos Manzoni y Mazzini, Rosa Luxemburgo o Lenin, aunque todos ellos desde prismas diferentes, siendo utilizado como norma internacional en 1918 en la conocida Declaración de los Catorce Puntos e institucionalizado en 1920. La ONU lo hizo propio aunque de forma ambigua e insuficiente. La sociedad debe saber que para apoyar este principio político no hay que ser nacionalista, simplemente ser, y perdón por lo reiterativo, demócrata con mayúsculas. Y entiendo la postura de los tres partidos parlamentarios de Cantabria con respecto a la coyuntura política actual, su posicionamiento da votos, es lo que el pueblo quiere oír, porque, salvo excepciones ,es lo único que oye. Más dificultades tiene uno para comprender a los que dicen defender posturas alejadas del pensamiento único y que, sin embargo, no dudan en alinearse con aquellos que defienden justamente lo contrario (lo realizado con Esther García merece capítulo aparte ). Y es que, cuando se interpreta a personajes como Lenin, hay que tener capacidad de análisis. Así de fácil, así de complicado.

Para finalizar, una cuestión es clara y es que mientras nuestra clase política juega a su juego, nuestros jóvenes mejor preparados se tienen que ir de esta tierra, curiosamente hacia esas a las que demuestran tener una animadversión que roza lo obsesivo.

Me repito, yo Demócrata con Mayúsculas.

Toño R. DEL VALLE

Responsable de Relaciones Internacionales de Conceju- CNC