EL
CASTELLANO EN CANTABRIA, LA GRAN MENTIRA
Una nueva farsa se ciñe sobre la historia de Cantabria. El
Presidente Revilla, en uno de sus momentos de lucidez, afirma que
el “castellano nació en Cantabria y se hablaba en Picos
en el setecientos y pico”, ¡toma ya!, y se queda tan
ancho.
A continuación vienen
los intelectuales de turno y sin aportar la más mínima
prueba filológica lo afirman, también, sin pudor alguno.
Que diferencia de trato con respecto a los que simplemente quieren
dignificar las peculiaridades lingüísticas cántabras.
Y digo que no pueden aportar pruebas porque éstas no existen,
así de claro, así de rotundo.
¿Por qué entonces
tanto apoyo al proyecto?. Sencillo, afirmar que el castellano tuvo
su origen en Cantabria no hace sino entroncar la historia de nuestra
tierra con la castellana, algo que satisface plenamente a los poderes
fáctico-mediáticos, además de poner en bandeja
de plata y alfombra colorada (lo del rojo a estos les va poco) a
los inadaptados anexionistas e imperialistas contrarios a la realidad
autonómica de Cantabria y por ende del Estado.
¿Por qué se saca
Revilla esta barbaridad de la chistera?. Fácil, el ego y
las ansias de poder del Presidente han hecho que ante la presión
mediática, social y política que ha sufrido desde
la ruptura del pacto PP-PRC, éste encabezara un proyecto
que no contaría con el rechazo de determinados grupos de
poder alineándose de paso con el nacionalismo centralista
frente a las reivindicaciones periféricas.
Otro golpe a la identidad de
nuestro pueblo, otro más y ya van muchos. Esta vez comandado
por el regionalismo edulcorado y descremado que nos gobierna, el
cual parece empeñado en convertir Cantabria en un “cuadro
de coros y danzas”.
Revilla, un hombre que ha gozado
de la oportunidad histórica de cantabrizar la vida política
de esta tierra, está consiguiendo justamente lo contrario,
eso sí, con el silencio y la complicidad de sectores de corte
cultural, musical, etc. que ahora callan (en los bares es otra cosa)
supongo que por el miedo de dejar de salir con Marcano en la foto.
Quiero acabar con un viejo
poema que dice así: “Por grande que sea un país
será más pequeño que el mundo, pero por pequeño
que sea, nunca dejará de ser un país”.
Toño R. DEL VALLE
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