19
– Febreru - 2005
A los socios y simpatizantes
de la Asociación para la Defensa de los Intereses de Cantabria
(ADIC):
El motivo de esta carta es
el de notificar mi decisión de poner punto y final a mi situación
de socio afiliado de ADIC (o como me denominen los reformados estatutos,
que es lo de menos). Pero no quería ceñir esto a notificar
mi baja, y es por eso por lo que voy a añadir una serie de
reflexiones y motivos que me han llevado a tomar esta decisión,
que para mí ha resultado especialmente dura, pues ADIC fue,
con ARCA, el primer ente organizativo al que me asocié y
en el que intenté sumar para lograr objetivos comunes.
Sin embargo, creo que los objetivos
de construcción nacional cántabra que me llevaron
a entrar en ADIC están siendo dejados de lado a favor del
folclorismo más provinciano y los postulados más serviles
con el poder. Creo que, de un tiempo a esta parte, ADIC ha renunciado
a ser la organización abanderada y mejor insertada en instituciones
y sociedad del hecho nacional cántabro para convertirse en
un ente descafeinado de reivindicación sin otro objetivo
que el merchandising pseudocantabrista y el tener contentos a los
políticos por si se acaba la subvención. Y ha llegado
el momento de separar nuestros caminos.
Hay una camberuca tapada por argayos
mediáticos y bardales policiales, que lleva a una Cantabria
libre, solidaria, equitativa, ecológica, que recupere lo
mejor de sus tradiciones y lo mezcle con la modernidad sostenible.
Y esa Cantabria tiene un pueblo concienciado, rebelde, aferrado
a sus raíces y a la vez abierto de brazos y mente para recibir
nuevas influencias, aguerrido, insumiso, que no se deja avasallar,
y que se solidariza con las luchas de muchos otros pueblos del mundo.
También hay una autovía
(otorgada con años de retraso por el Gobierno Español
al que rendimos pleitesía) que lleva a la destrucción
de nuestro medio ambiente, nuestra idiosincrasia, nuestra lengua,
nuestra etnografía, nuestro folclore. Ese es el camino de
los posibilistas, de los del espíritu ultraconservador, los
que están facilitando que el Pueblo Cántabro esté
aculturizado y aborregado; que no sólo desconozca su pasado,
sino que se ría de él, de su lengua, y de sus costumbres.
Como oí a alguien alguna
vez decir, luego no valdrán las rememoraciones de “en
mi pueblo antes se hacía esto”, “hablábamos
así” o “sentíamos más estas cosas”.
Luego de nada valdrá llorar. Este País está
inmerso en una caída en barrena hacia el aborregamiento y
aculturización totales, y no se soluciona desde el posibilismo
más servil y pelota de las personas y organismos causantes
de esta caída. Se soluciona con una organización asamblearia,
abierta, abiertamente nacionalista, luchadora, reivindicativa, presente
en la calle, organizadora y dinámica.
No se pueden reformar los estatutos
con la disculpa de los mandatos legales para en realidad pretender
dar cabida a personas que no creen en una nacionalidad cántabra.
ADIC es una asociación político-cultural, no un club
de amigos de la tonada.
No se puede hacer un balance
público del cambio de gobierno dorando la píldora
al PRC-PSOE, que son más de lo mismo: españolismo,
privatizaciones, especulación, represión social, precariedad,
caciquismo…
No se puede entrar a rebatir
a AICC entrando al juego del Diario (ultraconservador) Montañés,
pues sólo hemos conseguido que el debate se traslade del
hecho nacional cántabro al hecho autonómico-provincial.
Ahora que se abre el melón otra vez, y que en Cantabria se
debería estar reivindicando que somos un pueblo con 2000
años de historia, y por tanto una nacionalidad en toda regla,
han conseguido que se debata sobre si somos Comunidad Autónoma
o no; algo totalmente superado ya.
No se puede salir y (de nuevo
haciéndole el juego al Diario Montañés) declarar
públicamente que ADIC renuncia a ser una organización
“nacionalista”, porque eso es cercenar un movimiento
que está costando muchísimo fraguar en Cantabria.
No se puede marginar el hecho
lingüístico cántabro, reduciéndolo a llevar
a la Asoc. Asubiu a dar una rueda de prensa teledirigida. Hay que
denunciar (bien alto, dada la gravedad del asunto) que la lengua
se pierde en una-dos generaciones, y que los políticos que
miran para otra parte son culpables de otra pérdida irrecuperable
más en el patrimonio cultural de este País. Y hacer
por ella, que la estamos convirtiendo en un “hablar con la
U”, como dijo textualmente el anterior Pte. (que personalmente
me merece mucho respeto) en un discurso que presencié en
Novales.
No se puede organizar una cena
para todos los socios a un precio difícilmente asequible
para los bolsillos de un estudiante o un obrero (35€).
Y no se puede pedir el voto
afirmativo para una Constitución Europea que eleva a los
altares el neoliberalismo como sistema económico. Neoliberalismo
que es el principal causante de la debacle cultural, ecológica,
democrática, etc. que sufre Cantabria.
Pero eso sí, se pueden
hacer camisetas con el Che Guevara y muchas “K” para
seguir adorando al dios que ahora nos manda, y no me refiero a Cabueniegino
ni Erudino, siquiera a Revilluca, sino al dinero.
Por esto solicito que se me
dé de baja de esta histórica organización con
la que estuve celebrando sus 25 años de historia en Torlavega,
cuyo material he enseñado y llevado conmigo con orgullo (cuando
creía que era coherente con sus actos), a cuyas asambleas
nacionales (cuando así se llamaban) he acudido siempre que
he podido, y desde edades muy tempranas, de esta asociación
que tantos actos ha organizado con los que he disfrutado (viaje
a Peña Amaya, festivales folk, charlas, música tradicional…).
Pero no participaré de una asociación provinciana
y rendida que facilite que el Pueblo Cántabro continúe
sumiso. Tanta bufandita con el lema “cantabrorum indoctum
iuga ferre nostra” para luego arrimar el hombro (y poner la
mano por debajo por si cae algo) con los que nos están poniendo
el yugo en pleno Siglo XXI.
Un cordial saludu:
Fdo. Diegu S.G...
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